Doblado: https://www.youtube.com/watch?v=zKfzcNa_O4k
Subtitulado: http://www.seriales.us/capitulo/the-walking-dead/1x01/
Espacio de socialización literaria destinado a l@s alumn@s del profesor Emiliano Scaricaciottoli
miércoles, 5 de agosto de 2015
domingo, 26 de abril de 2015
sábado, 4 de abril de 2015
Guía de Renacimiento (4° AÑO)
Introducción a la
cultura renacentista
1) Observá la obra de Rafael Sanzio, La escuela de Atenas-pintada entre 1510 y 1512 como parte de una comisión para decorar con frescos
las habitaciones que hoy en día son conocidas como las estancias de Rafael, ubicadas en el Vaticano-
y las tapa de los discos de los Guns n’ Roses Use your Ilusion I y II (1991).
En
el centro se puede ver a Platón, con el Timeo, señalando el cielo, y Aristóteles,
con la Ética, presidiendo un gran número de personajes. La Escuela de Atenas
celebra la investigación racional de la verdad.
A la izquierda se encuentra Sócrates conversando con Alejandro Magno,
armado. La configuración de la arquitectura del templo de la sabiduría, con los
nichos de Apolo y Palas Atenea, como espacio renacentista y la representación
de los sabios de la antigüedad como hombres contemporáneos de Rafael subrayan
esta idea de continuidad entre el presente y el mundo antiguo. Son muchos más
los personajes clásicos representados en la obra, entre los que cabe destacar a
Epicuro y Pitágoras, situados a la izquierda.
Se ha pretendido ver en esta pintura una representación de las siete
artes liberales. En el primer plano, a la izquierda: Gramática, Aritmética y
Música, a la derecha: Geometría y Astronomía y en lo alto de la escalinata
Retórica y Dialéctica. En definitiva una continuidad entre el conjunto del
saber antiguo y moderno teniendo como protagonista al hombre.
a) ¿Por qué te parece que una banda de hard rock de los
ochentas decide recortar un fragmento de la pintura renacentista? ¿Qué relación
hay entre el nombre del disco y el fragmento recortado que se reproduce en la
tapa? Los sujetos de la tapa no son filósofos canónicos (reconocidos): ¿qué
función cumplirían en la pintura de Rafael?
2) Petrarca (Arezzo 1304-Padua 1374) es uno de los filósofos renacentistas que propone un desarrollo
integral del hombre en todas sus manifestaciones espirituales, sociales y
físicas imitando en lo posible a los autores de la Antigüedad. El
descubrimiento del legado grecolatino, de hecho, es la gran tarea que se
adjudican los humanistas con criterio exigente. Se persigue la competencia
filológica y arqueológica que permita recuperar a las grandes obras del pasado
su sentido original. Para ello se necesita el desarrollo del sentido crítico
que dará acceso al espíritu moderno. Petrarca inaugura el culto y la
preocupación filológica por los textos antiguos y da paso a numerosos italianos
dedicados al descubrimiento, edición y comentario de los clásicos.
a) ¿Cuál es la gran oposición que se manifiesta en el
siguiente poema de su Cancionero?
¿Qué valoración tiene Petrarca del “enamorado”?
S' amor non è, che dunque è quel chíio sento?...
Si amor no es, ¿qué es pues lo que en mí siento?
Y si es amor, ¿cuál su naturaleza?
Si bueno, ¿cómo siento esta aspereza?
Si malo, ¿cómo es dulce este tormento?
Si ardo a placer, ¿qué lloro y qué lamento?
Si a mi pesar, ¿qué gano en mi tristeza?
Oh viva muerte, oh plácida crudeza,
¿cómo haces tanto en mí, si no consiento?
Y si consiento, sin razón me quejo.
Entre tantos contrarios va mi nave
metida en alta mar y sin gobierno;
tan falta de saber, de error tan grave,
que no sé lo que digo, o lo que dejo,
pues tiemblo de verano, ardo de invierno.
~Fragmento CXXXII. Cancionero.
Si amor no es, ¿qué es pues lo que en mí siento?
Y si es amor, ¿cuál su naturaleza?
Si bueno, ¿cómo siento esta aspereza?
Si malo, ¿cómo es dulce este tormento?
Si ardo a placer, ¿qué lloro y qué lamento?
Si a mi pesar, ¿qué gano en mi tristeza?
Oh viva muerte, oh plácida crudeza,
¿cómo haces tanto en mí, si no consiento?
Y si consiento, sin razón me quejo.
Entre tantos contrarios va mi nave
metida en alta mar y sin gobierno;
tan falta de saber, de error tan grave,
que no sé lo que digo, o lo que dejo,
pues tiemblo de verano, ardo de invierno.
~Fragmento CXXXII. Cancionero.
b) ¿Qué tópicos de la cosmovisión humanística podés
encontrar en el Discurso sobre la dignidad del hombre (1486) de Giovanni Pico della Mirándola? ¿Cuál es la relación
religión-humanismo?
"He
leído en los antiguos escritos de los árabes, padres venerados, que Abdala el
Sarraceno, interrogado acerca de cuál era a sus ojos el espectáculo más
maravilloso en esta escena del mundo, había respondido que nada veía más
espléndido que el hombre. Con esta afirmación coincide aquella famosa de
Hermes: "Gran milagro, oh Asclepio[1],
es el hombre".
Sin embargo, al meditar sobre el significado de estas afirmaciones, no me parecieron del todo persuasivas las múltiples razones que son aducidas a propósito de la grandeza humana: que el hombre, familiar de las criaturas superiores y soberano de las inferiores, es el vínculo entre ellas; que por la agudeza de los sentidos, por el poder indagador de la razón y por la luz del intelecto, es intérprete de la naturaleza; que, intermediario entre el tiempo y la eternidad es (como dicen los persas) cópula, y también connubio de todos los seres del mundo y, según testimonio de David, poco inferior a los ángeles. Cosas grandes, sin duda, pero no tanto como para que el hombre reivindique el privilegio de una admiración ilimitada. Porque, en efecto, ¿no deberemos admirar más a los propios ángeles y a los beatísimos coros del cielo?
Pero, finalmente, me parece haber comprendido por qué es el hombre el más afortunado de todos los seres animados y digno, por lo tanto, de toda admiración. Y comprendí en qué consiste la suerte que le ha tocado en el orden universal, no sólo envidiable para las bestias, sino para los astros y los espíritus ultramundanos. ¡Cosa increíble y estupenda! ¿Y por qué no, desde el momento que precisamente en razón de ella el hombre es llamado y considerado justamente un gran milagro y un ser animado maravilloso?
Pero escuchen, oh padres, cuál sea tal condición de grandeza y presten, en su cortesía, oído benigno a este discurso mío.
Ya el sumo Padre, Dios arquitecto, había construido con leyes de arcana sabiduría esta mansión mundana que vemos, augustísimo templo de la divinidad.
Había embellecido la región supra celeste con inteligencia, avivado los etéreos globos con almas eternas, poblado con una turba de animales de toda especie las partes viles y fermentantes del mundo inferior. Pero, consumada la obra, deseaba el artífice que hubiese alguien que comprendiera la razón de una obra tan grande, amara su belleza y admirara la vastedad inmensa. Por ello, cumplido ya todo (como Moisés[2] y Timeo[3] lo testimonian) pensó por último en producir al hombre.” (…)
Sin embargo, al meditar sobre el significado de estas afirmaciones, no me parecieron del todo persuasivas las múltiples razones que son aducidas a propósito de la grandeza humana: que el hombre, familiar de las criaturas superiores y soberano de las inferiores, es el vínculo entre ellas; que por la agudeza de los sentidos, por el poder indagador de la razón y por la luz del intelecto, es intérprete de la naturaleza; que, intermediario entre el tiempo y la eternidad es (como dicen los persas) cópula, y también connubio de todos los seres del mundo y, según testimonio de David, poco inferior a los ángeles. Cosas grandes, sin duda, pero no tanto como para que el hombre reivindique el privilegio de una admiración ilimitada. Porque, en efecto, ¿no deberemos admirar más a los propios ángeles y a los beatísimos coros del cielo?
Pero, finalmente, me parece haber comprendido por qué es el hombre el más afortunado de todos los seres animados y digno, por lo tanto, de toda admiración. Y comprendí en qué consiste la suerte que le ha tocado en el orden universal, no sólo envidiable para las bestias, sino para los astros y los espíritus ultramundanos. ¡Cosa increíble y estupenda! ¿Y por qué no, desde el momento que precisamente en razón de ella el hombre es llamado y considerado justamente un gran milagro y un ser animado maravilloso?
Pero escuchen, oh padres, cuál sea tal condición de grandeza y presten, en su cortesía, oído benigno a este discurso mío.
Ya el sumo Padre, Dios arquitecto, había construido con leyes de arcana sabiduría esta mansión mundana que vemos, augustísimo templo de la divinidad.
Había embellecido la región supra celeste con inteligencia, avivado los etéreos globos con almas eternas, poblado con una turba de animales de toda especie las partes viles y fermentantes del mundo inferior. Pero, consumada la obra, deseaba el artífice que hubiese alguien que comprendiera la razón de una obra tan grande, amara su belleza y admirara la vastedad inmensa. Por ello, cumplido ya todo (como Moisés[2] y Timeo[3] lo testimonian) pensó por último en producir al hombre.” (…)
c) Escribí una carta breve (10 renglones) en respuesta a Discurso sobre la dignidad del hombre, realizando una crítica-objeciones, aportes,
reflexiones, nuevas preguntas- a las posiciones de Pico della Mirándola como si
fueras un pensador renacentista.
[1] Ἀσκληπιός en la mitología
griega fue el Dios de la Medicina y la curación.
[2] Según
la Torá
judía (el Antiguo testamento) era hijo de Amram y su esposa Iojebed.
Es descrito como el hombre encomendado por Dios Hashem para
liberar al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto y como
su máximo profeta y legislador
[3] Timeo fue un filósofo griego pitagórico.
Aunque no se tienen muchos datos sobre su vida, sin duda debió de ser
importante en su tiempo, ya que Platón
le dedicó uno de sus diálogos más famosos. Se piensa que realizó una serie de
escritos sobre el alma
humana y la naturaleza (física). El Timeo es un diálogo escrito por Platón
en torno al año 360 a. C. Precede al Critias o La Atlántida, y es
considerado como el más influyente en toda la filosofía
y ciencia
posteriores. Su contenido profundiza esencialmente en tres problemas:
- el cosmogónico, sobre el origen del universo
- el físico,
sobre la estructura de la materia
- y el antropológico, sobre la naturaleza humana.
domingo, 5 de octubre de 2014
POESÍA Y VIDEO CLIP 2° A
“Plan B: Anhelo de satisfacción”
Autor: Massacre
Intérprete: Catupecu Machu
Y ya me siento desterrado,
nadie cree en mi opinión,
y si sólo es el aliento de mi alma
que alimenta mi calor, ah...lo que falta
es más tiempo, tanto tiempo y todo para vos.
Y si me encuentro hablando solo
no me importa es mi obsesión
y si volando redescubro mis heridas,
ya no importa mi dolor.
Ah...tanto tiempo y todo para vos.
Y cuanto falta, me haces falta,
la conciencia, la ilusión.
A la conquista de mi alma
y al conflicto negación.
No reces por mí, no hables por mí,
no reces por mí.
nadie cree en mi opinión,
y si sólo es el aliento de mi alma
que alimenta mi calor, ah...lo que falta
es más tiempo, tanto tiempo y todo para vos.
Y si me encuentro hablando solo
no me importa es mi obsesión
y si volando redescubro mis heridas,
ya no importa mi dolor.
Ah...tanto tiempo y todo para vos.
Y cuanto falta, me haces falta,
la conciencia, la ilusión.
A la conquista de mi alma
y al conflicto negación.
No reces por mí, no hables por mí,
no reces por mí.
“Dónde esconder tantas manos”
Autor: Las pastillas del abuelo
Que yo no soy que es el
Que yo actué bien y el no
Ah no, de acá yo no me muevo
Que por cuestión de piel, de sexo, religión
Tus zapatos no me los pruebo.
¿A quién le vamos a tirar una pared
Cuando ya no nos quede nadie?
Tal vez un perro fiel a cambio de comer
Soporte hasta lo insoportable.
Temiendo ser peor, temiendo ser mejor,
Temiendo al fin, siempre temiendo.
Viviendo en el ayer, aletargando el hoy,
Sí, Víctor, sí, Sobreviviendo.
Juzgando al por mayor,
Te alejas mas y mas
Del juicio que mas importa.
Que es el juicio interior
Que es el que hay que afrontar
Siendo parte de esta torta.
Que yo actué bien y el no
Ah no, de acá yo no me muevo
Que por cuestión de piel, de sexo, religión
Tus zapatos no me los pruebo.
¿A quién le vamos a tirar una pared
Cuando ya no nos quede nadie?
Tal vez un perro fiel a cambio de comer
Soporte hasta lo insoportable.
Temiendo ser peor, temiendo ser mejor,
Temiendo al fin, siempre temiendo.
Viviendo en el ayer, aletargando el hoy,
Sí, Víctor, sí, Sobreviviendo.
Juzgando al por mayor,
Te alejas mas y mas
Del juicio que mas importa.
Que es el juicio interior
Que es el que hay que afrontar
Siendo parte de esta torta.
La tribu dice el groove de un riff,
Ciento por ciento
A la paz de la nicotina
Hipocondría maternal y paternal
Hereditaria vitamina.
Los placeres te acortan la correa
Y vos que te pensás un indomable
¿Que gracia tiene andar por esta sociedad
Jactándose de insobornable?
Si como un pulpo vas,
Tirando piedras,
No hay donde esconder tantas manos.
Es mejor asumir
La cobardía de huir,
A la responsabilidad de vivir.
No importa cuanto me puedas alejar de la realidad
Yo siempre vuelvo,
Psicología infernal, Picante dulce y sal
Pero despierto y ya no vuelvo.
Pasado el tiempo al fin
El espejo devuelve
Una imagen más familiar.
Voy eligiendo a gusto
Y alternando puede haber picante dulce y sal.
Me bato a duelo con quien diga que voy bien
Porque hay rachas en la vida,
Soy grande y que señor no vaya a confundir
¡La soberbia con la autoestima!
Que la soberbia mira desde más arriba
Y no llora penas ajenas
En cambio el autoestima se transmite
Y contagia a cualquier persona buena.
Ciento por ciento
A la paz de la nicotina
Hipocondría maternal y paternal
Hereditaria vitamina.
Los placeres te acortan la correa
Y vos que te pensás un indomable
¿Que gracia tiene andar por esta sociedad
Jactándose de insobornable?
Si como un pulpo vas,
Tirando piedras,
No hay donde esconder tantas manos.
Es mejor asumir
La cobardía de huir,
A la responsabilidad de vivir.
No importa cuanto me puedas alejar de la realidad
Yo siempre vuelvo,
Psicología infernal, Picante dulce y sal
Pero despierto y ya no vuelvo.
Pasado el tiempo al fin
El espejo devuelve
Una imagen más familiar.
Voy eligiendo a gusto
Y alternando puede haber picante dulce y sal.
Me bato a duelo con quien diga que voy bien
Porque hay rachas en la vida,
Soy grande y que señor no vaya a confundir
¡La soberbia con la autoestima!
Que la soberbia mira desde más arriba
Y no llora penas ajenas
En cambio el autoestima se transmite
Y contagia a cualquier persona buena.
“En el camino”
Autor: Kapanga
Te buscaré‚ por las montañas, por el aire
por los ríos y los mares (y por los bares).
Creyente en ningún dios,
voy caminando, voy buscando mi destino.
Veo un auto detenido,
es Fito Páez al costado del camino.
Es demasiado, sólo quiero seguir.
Veo cebúes comiendo en el campo,
el sol asoma, desear y esperar,
llego el desierto y voy caminando entre cuerpos
Mi inconsciencia se quiere quedar.
Voy a probar todo lo que tenga que probar.
Voy a dejar todo lo que tenga que dejar.
Para irme lejos, para irme lejos.
Y buscar‚ seguir viajando,
mis estados de inconsciencia me lo piden (y no se inhiben).
Yo solo creo en vos.
Voy caminando, voy buscando mi destino.
Cada pueblo tiene un bar,
y en cada bar hay un amigo con buen vino.
Yo soy feliz así solo quiero seguir.
Bajo la luna un cactus se ríe,
voy hacia él y me dejo llevar,
veo el desierto y voy caminando entre cuerpos
Veo un perro en el medio del mar.
por los ríos y los mares (y por los bares).
Creyente en ningún dios,
voy caminando, voy buscando mi destino.
Veo un auto detenido,
es Fito Páez al costado del camino.
Es demasiado, sólo quiero seguir.
Veo cebúes comiendo en el campo,
el sol asoma, desear y esperar,
llego el desierto y voy caminando entre cuerpos
Mi inconsciencia se quiere quedar.
Voy a probar todo lo que tenga que probar.
Voy a dejar todo lo que tenga que dejar.
Para irme lejos, para irme lejos.
Y buscar‚ seguir viajando,
mis estados de inconsciencia me lo piden (y no se inhiben).
Yo solo creo en vos.
Voy caminando, voy buscando mi destino.
Cada pueblo tiene un bar,
y en cada bar hay un amigo con buen vino.
Yo soy feliz así solo quiero seguir.
Bajo la luna un cactus se ríe,
voy hacia él y me dejo llevar,
veo el desierto y voy caminando entre cuerpos
Veo un perro en el medio del mar.
“En el aire”
Autor: Nonpalidece
|
Hay tantas miradas sin destino
Es probable que no sea tan fácil, Hay tantos imposibles posibles Y sólo vos podés cambiarlo todo… Será cuestión de intuición… Encontrarnos entre tantos Encontrarnos entre tantos Conmigo vengan todos los que piensan Que es mejor no dejar de intentarlo, ¡Y si yo sé que tan difícil es! Aunque veces me caigo me y levanto Aunque veces me caigo me y levanto Entre el suelo y el celo donde nadie nos ve, Entre el suelo y el cielo, ahí vamos nosotros flotando en el aire Entre el suelo y el celo donde nadie nos ve, Entre el suelo y el cielo, ahí vamos nosotros flotando en el aire Y así será… Así será Así se hará Tantas miradas sin destino Es probable que no sea tan fácil, Hay tantos imposibles posibles Y ahora es probable que sea más fácil Encontrarnos entre tantos Conmigo vengan todos los que piensan Que es mejor no dejar de intentarlo Entre el suelo y el cielo donde nadie nos ve, Entre el suelo y el cielo ahí vamos nosotros flotando en el aire…. |
|
Consigna:
Escribí un poema de verso libre, en el cual incopores
al menos tres versos distintos de diferentes canciones. Subrayá cada uno con un
color diferente. Asimismo, incoporá una metáfora o una antítesis y señalala.
POESÍA Y CANCIÓN 1° A COLEGIO DEL LIBERTADOR
"Yo vengo a ofrecer mi corazón" (FITO PAEZ)
¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Tanta sangre que se llevó el río,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
No será tan facil, ya sé que pasa.
No será tan simple como pensaba. Como abrir el pecho y sacar el alma, una cuchillada de amor.
Luna de los pobres, siempre abierta,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Como un documento inalterable,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Y uniré las puntas de un mismo lazo,
y me iré tranquilo, me iré despacio,
y te daré todo y me darás algo,
algo que me alivie un poco nomás.
Cuando no haya nadie cerca o lejos,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Cuando los satélites no alcancen,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Hablo de países y de esperanza,
hablo por la vida, hablo por la nada,
hablo por cambiar esta, nuestra casa,
de cambiarla por cambiar nomás.
¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
Tanta sangre que se llevó el río,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
No será tan facil, ya sé que pasa.
No será tan simple como pensaba. Como abrir el pecho y sacar el alma, una cuchillada de amor.
Luna de los pobres, siempre abierta,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Como un documento inalterable,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Y uniré las puntas de un mismo lazo,
y me iré tranquilo, me iré despacio,
y te daré todo y me darás algo,
algo que me alivie un poco nomás.
Cuando no haya nadie cerca o lejos,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Cuando los satélites no alcancen,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
Hablo de países y de esperanza,
hablo por la vida, hablo por la nada,
hablo por cambiar esta, nuestra casa,
de cambiarla por cambiar nomás.
¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón.
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"Los nadies", de Eduardo Galeano (1940)
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los na-
dies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto
la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la
buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en
lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los na-
dies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se le-
vanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de
escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la
Liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica
Roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
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"Juntos a la par" (Pappo)
Le he pedido tanto a Dios,
que al final oyó mi voz,
por la noche a más tardar,
yendo juntos a la par...
Cartas de amor en el hall,
se secan con el sol,
lejos de la gran ciudad ella es mi felicidad,
nada como ir juntos a la par.
Nada como ir juntos a la par,
y caminos desandar,
el honor no lo perdí, ese héroe que hay en mí,
nada como ir juntos a la par.
Se su nombre, se su edad,
y sus gustos en la intimidad,
cuando un corazón se entrega y el mañana nunca llega,
que más puedo hacer.
Nada como ir juntos a la par,
y caminos desandar,
el honor no lo perdí, ese héroe que hay en mí,
nada como ir juntos a la par.
Nada como ir juntos a la par,
y caminos desandar,
el honor no lo perdí, ese héroe que hay en mí,
nada como ir juntos a la par.
que al final oyó mi voz,
por la noche a más tardar,
yendo juntos a la par...
Cartas de amor en el hall,
se secan con el sol,
lejos de la gran ciudad ella es mi felicidad,
nada como ir juntos a la par.
Nada como ir juntos a la par,
y caminos desandar,
el honor no lo perdí, ese héroe que hay en mí,
nada como ir juntos a la par.
Se su nombre, se su edad,
y sus gustos en la intimidad,
cuando un corazón se entrega y el mañana nunca llega,
que más puedo hacer.
Nada como ir juntos a la par,
y caminos desandar,
el honor no lo perdí, ese héroe que hay en mí,
nada como ir juntos a la par.
Nada como ir juntos a la par,
y caminos desandar,
el honor no lo perdí, ese héroe que hay en mí,
nada como ir juntos a la par.
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"San Cayetano" (LA MISSISSIPPI)
La conocí en San Cayetano
sentada muy temprano en la vereda
perdida entre la gente
en medio de una larga procesión
y en ese loco torbellino
borracho como un vino me dejó
porque ví sus ojos negros
y todo el mundo pronto desapareció.
No! San Cayetano
yo te pedí una mano
y no un amor.
Exótica y hermosa
pero excesivamente religiosa
rezaba todo el día
y no tenía tema de conversación,
aguanté por unos días
casi todas sus manías pero yo,
yo no soy lo que se dice exactamente
un santo de su devoción.
No! San Cayetano
yo te pedí una mano
y no un amor.
sentada muy temprano en la vereda
perdida entre la gente
en medio de una larga procesión
y en ese loco torbellino
borracho como un vino me dejó
porque ví sus ojos negros
y todo el mundo pronto desapareció.
No! San Cayetano
yo te pedí una mano
y no un amor.
Exótica y hermosa
pero excesivamente religiosa
rezaba todo el día
y no tenía tema de conversación,
aguanté por unos días
casi todas sus manías pero yo,
yo no soy lo que se dice exactamente
un santo de su devoción.
No! San Cayetano
yo te pedí una mano
y no un amor.
martes, 3 de junio de 2014
Guía de Romanticismo Europeo (4° AÑO - Escuela Media)
1)
En muchos cuadros del
romanticismo se aprecia un interés por la violencia, el drama, la lucha, la
locura. Ocuparon un lugar preponderante en muchos cuadros lo misterioso y lo
fantástico, expresados de forma dramática. También se representaron la
melancolía extrema y la pesadilla, llegando a combinar en ocasiones el tema de
la muerte con el erotismo. Los temas fantásticos y macabros comenzaron a
aparecer en pintura a partir de 1775, por influencia de la literatura alemana.
Monstruos, brujas y espectros poblaron los lienzos. Autores como Füssli, Blake
o Goya, en plena época neoclásica, pintaron cuadros que rendían culto al
inconsciente, a la irracionalidad, la locura y el sueño.
a)
A continuación, analizá
las siguientes pinturas describiendo los aspectos que se correspondan con el
movimiento romántico europeo. [Realización Grupal]
“Saturno
devorando a uno de sus hijo” – Francisco de Goya y Luciente
Fue pintado entre los años 1820 y
1823, en la quinta del sordo, finca que adquirió Goya años antes de su exilio a
Francia, la cual recibe este nombre del anterior propietario. Esta pintura
representa al dios Chronos de la mitología griega, Saturno en la Romana, dotado
con el poder de controlar el tiempo, el cual devora a uno de sus hijos por
miedo a ser destronado. Esta obra alegórica vista desde un análisis psicológico
apunta en dirección al miedo de las últimas etapas de la vida, por lo cual,
“Saturno” intenta recuperar la juventud alimentándose de la de su hijo.
“La Pesadilla nocturna" -
J. H. Füssli - 1802
“La Libertad guiando al Pueblo” – Eugéne Delacroix – 1830
2) Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) murió joven y sin haber podido
publicar sus poemas. Fueron sus amigos quienes se encargaron de preparar
póstumamente la edición de sus Obras completas
en 1871, y al hacerlo pensaron que la mejor manera de ordenar sus Rimas
era tomar como criterio los temas que más preocupaban al poeta e intentar
presentar los poemas básicamente como una historia con argumento.
Así, quedaron distribuidos de la siguiente manera:
1. Los
primeros hablan sobre el arte en general,
sobre la literatura y la música. Empieza también a aparecer el amor, pero como
una cosa abstracta, sin referirse a personas concretas.
a) Se presentan a
continuación 10 de esas rimas de Bécquer sin indicar qué
número ocupan en la colección. Se invita a colocarlas siguiendo este criterio y
también a localizar algunas rimas que sirven de puente entre un tema y otro.
[Realización Grupal]
(I)
Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas,
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba.
Cayó sobre mi espíritu la noche,
en ira y en piedad se anegó el alma
¡y entonces comprendí por qué se llora,
y entonces comprendí por qué se mata!
Pasó la nube de dolor... Con pena
logré balbucear unas palabras...
¿quién me dio la noticia?... Un fiel amigo.
Me hacía un gran favor... Le di las gracias.
(II)
Hoy la tierra y los cielos me sonríen,hoy llega al fondo de mi alma el sol,
hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado...
¡Hoy creo en Dios!
(III)
Al brillar un relámpago nacemos,y aún dura su fulgor cuando morimos;
¡tan corto es el vivir!
La Gloria y el Amor tras que corremos
sombras de un sueño son que perseguimos;
¡despertar es morir!
(IV)
De lo poco de vida que me restadiera con gusto los mejores años,
por saber lo que a otros
de mí has hablado.
Y esta vida mortal y de la eterna
lo que me toque, si me toca algo,
por saber lo que a solas
de mí has pensado.
(V)
¿Qué es poesía? Dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.
(VI)
Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre las sábanas de espumas,
¡llevadme con vosotras!
Ráfagas de huracán que arrebatáis
del alto del bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!
Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las desprendidas orlas,
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!
Llevadme por piedad a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria.
¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!
(VII)
Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: “Levántate y anda.”!
(VIII)
Mi vida es un erial,
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.
(IX)
¿De dónde vengo?... El más horrible y áspero
de los senderos busca;
las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura,
los despojos de un alma hecha jirones
en las zarzas agudas,
te dirán el camino
que conduce a mi cuna.
¿Adónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza,
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas.
En donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.
(X)
Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino; ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: "¿Por qué callé aquel día?"
Y ella dirá: "¿Por qué no lloré yo?"
3) Completar el siguiente poema del
alemán Novalis, respetando la coherencia estética del romanticismo. [Realización
Individual]
CUANDO CIFRAS Y FIGURAS
Cuando cifras y figuras dejen …………………….
las claves de toda criatura,
cuando aquellos que al cantar ………………..
sepan más que los sabios más profundos,
cuando ………………….. la libertad de nuevo,
vuelva el mundo a ser mundo otra vez,
cuando al fin …………….. y las sombras se fundan
y juntas se conviertan en ………………… perfecta,
cuando en versos y en cuentos
estén los verdaderos relatos del mundo,
entonces una …………………………………….. secreta
desterrará las discordancias de la tierra entera.
4)
Realizar un cuadro comparativo entre los poemas de Víctor Hugo y el cancionero
de autores varios que refleje similitudes y diferencias a la hora de desplegar
los ejes temáticos de sus composiciones. [Realización Individual]
Poemas
de Víctor Hugo
A una mujer
¡Niña!, si yo fuera rey daría mi reino,
mi trono, mi cetro y mi pueblo arrodillado,
mi corona de oro, mis piscinas de pórfido,
y mis flotas, para las que no bastaría el mar,
por una mirada tuya.
Si yo fuera Dios, la tierra y las olas,
los ángeles, los demonios sujetos a mi ley.
Y el profundo caos de profunda entraña,
la eternidad, el espacio, los cielos, los mundos
¡daría por un beso tuyo!
Ayer, al anochecer
Las sombras descendían, los pájaros callaban,
la luna desplegaba su nacarado olán.
La noche era de oro, los astros nos miraban
y el viento nos traía la esencia del galán.
El cielo azul tenía cambiantes de topacio,
la tierra oscura cabello de bálsamo sutil;
tus ojos más destellos que todo aquel espacio,
tu juventud más ámbar que todo aquel abril.
Aquella era la hora solemne en que me inspiro,
en que del alma brota el cántico nupcial,
el cántico inefable del beso y del suspiro,
el cántico más dulce, del idilio triunfal.
De súbito atraído quizá por una estrella,
volviste al éter puro tu rostro soñador...
Y dije a los luceros: "¡verted el cielo en ella!"
y dije a tus pupilas: "¡verted en mí el amor!"
La belleza y la muerte
La belleza y la muerte son dos cosas profundas,
con tal parte de sombra y de azul que diríanse
dos hermanas terribles a la par que fecundas,
con el mismo secreto, con idéntico enigma.
Oh, mujeres, oh voces, oh miradas, cabellos,
trenzas rubias, brillad, yo me muero, tened
luz, amor, sed las perlas que el mar mezcla a sus aguas,
aves hechas de luz en los bosques sombríos.
Más cercanos, Judith, están nuestros destinos
de lo que se supone al ver nuestros dos rostros;
el abismo divino aparece en tus ojos,
y yo siento la sima estrellada en el alma;
mas del cielo los dos sé que estamos muy cerca,
tú porque eres hermosa, yo porque soy muy viejo.
Cancionero
“Cielo en Ti” (L. A. Spinetta)
Una luna en tu noche tiene tiempo,
una figura de tus manos tiene mucho más.
Yo no tengo un solo signo tuyo en mi,
ya no se si quizá hay que jugar.
Los gemidos de tu siesta tienen tiempo,
y los fantasmas que amas tienen algo al fin
Yo no tengo un solo rastro tuyo en mi.
¡Oh! mi amor, sólo cabe luchar.
Sin despertar es como te atarás,
si no comprendes tus ojos brillarán,
solo brillaran...
Los desiertos y tus pasos
tienen tiempo,
Las mareas y las estelas
tienen cielo de ti,
ojalá tuviese yo tu amor así,
sin saber como entrar o como salir.
“Últimamente” (I. Serrano)
Últimamente ando algo perdido,
me han vencido viejos fantasmas,
nuevas rutinas.
Y en cada esquina acecha un ratero
para robarme las alhajas, los recuerdos,
las felicidades.
De un tiempo a esta parte
llego siempre tarde
a todas mis citas.
Y la vida me parece una fiesta
a la que nadie
se ha molestado en invitarme.
De un tiempo a esta parte
me cuesta tanto, tanto, tanto, no amarte,
no amarte.
Últimamente ando desconcertado,
así que ponte a salvo, porque en este estado
ando como loco.
Y me enamoro de mujeres comprometidas,
llenas de abrazos,
llenas de mentiras.
De un tiempo a esta parte, a mi amor propio algo le falta,
lo has dejado unos puntos
por debajo del de Kafka.
Y la vida me parece una fiesta
a la que nadie
se ha molestado en invitarme.
De un tiempo a esta parte
me cuesta tanto, tanto, tanto,
me cuesta tanto no amarte.
Últimamente planeo una huida
para rehacer mi vida,
probablemente en Marte.
Seguro que allí no hay nadie empeñado en aconsejarme:
"Ismael, ¿qué te pasa?
No estudias, no trabajas".
Y qué vamos a hacerle,
si es que últimamente ando algo perdido,
si te necesito.
De un tiempo a esta parte
me cuesta tanto, tanto, tanto,
me cuesta tanto no amarte.
Han de venir tiempos mejores,
cometeré más errores, daré menos explicaciones,
y haré nuevas canciones
en las que te cuente cómo, últimamente,
son tan frecuentes tristes amaneceres
ahogando mis finales,
repetidos, cansados,
miserables,
llenos de soledades.
De un tiempo a esta parte
me cuesta tanto, tanto,
me cuesta tanto no amarte.
“AForest ” (The
Cure)
A una mujer
¡Niña!, si yo fuera rey daría mi reino,
mi trono, mi cetro y mi pueblo arrodillado,
mi corona de oro, mis piscinas de pórfido,
y mis flotas, para las que no bastaría el mar,
por una mirada tuya.
Si yo fuera Dios, la tierra y las olas,
los ángeles, los demonios sujetos a mi ley.
Y el profundo caos de profunda entraña,
la eternidad, el espacio, los cielos, los mundos
¡daría por un beso tuyo!
Ayer, al anochecer
Las sombras descendían, los pájaros callaban,
la luna desplegaba su nacarado olán.
La noche era de oro, los astros nos miraban
y el viento nos traía la esencia del galán.
El cielo azul tenía cambiantes de topacio,
la tierra oscura cabello de bálsamo sutil;
tus ojos más destellos que todo aquel espacio,
tu juventud más ámbar que todo aquel abril.
Aquella era la hora solemne en que me inspiro,
en que del alma brota el cántico nupcial,
el cántico inefable del beso y del suspiro,
el cántico más dulce, del idilio triunfal.
De súbito atraído quizá por una estrella,
volviste al éter puro tu rostro soñador...
Y dije a los luceros: "¡verted el cielo en ella!"
y dije a tus pupilas: "¡verted en mí el amor!"
La belleza y la muerte
La belleza y la muerte son dos cosas profundas,
con tal parte de sombra y de azul que diríanse
dos hermanas terribles a la par que fecundas,
con el mismo secreto, con idéntico enigma.
Oh, mujeres, oh voces, oh miradas, cabellos,
trenzas rubias, brillad, yo me muero, tened
luz, amor, sed las perlas que el mar mezcla a sus aguas,
aves hechas de luz en los bosques sombríos.
Más cercanos, Judith, están nuestros destinos
de lo que se supone al ver nuestros dos rostros;
el abismo divino aparece en tus ojos,
y yo siento la sima estrellada en el alma;
mas del cielo los dos sé que estamos muy cerca,
tú porque eres hermosa, yo porque soy muy viejo.
Cancionero
“Cielo en Ti” (L. A. Spinetta)
Una luna en tu noche tiene tiempo,
una figura de tus manos tiene mucho más.
Yo no tengo un solo signo tuyo en mi,
ya no se si quizá hay que jugar.
Los gemidos de tu siesta tienen tiempo,
y los fantasmas que amas tienen algo al fin
Yo no tengo un solo rastro tuyo en mi.
¡Oh! mi amor, sólo cabe luchar.
Sin despertar es como te atarás,
si no comprendes tus ojos brillarán,
solo brillaran...
Los desiertos y tus pasos
tienen tiempo,
Las mareas y las estelas
tienen cielo de ti,
ojalá tuviese yo tu amor así,
sin saber como entrar o como salir.
“Últimamente” (I. Serrano)
Últimamente ando algo perdido,
me han vencido viejos fantasmas,
nuevas rutinas.
Y en cada esquina acecha un ratero
para robarme las alhajas, los recuerdos,
las felicidades.
De un tiempo a esta parte
llego siempre tarde
a todas mis citas.
Y la vida me parece una fiesta
a la que nadie
se ha molestado en invitarme.
De un tiempo a esta parte
me cuesta tanto, tanto, tanto, no amarte,
no amarte.
Últimamente ando desconcertado,
así que ponte a salvo, porque en este estado
ando como loco.
Y me enamoro de mujeres comprometidas,
llenas de abrazos,
llenas de mentiras.
De un tiempo a esta parte, a mi amor propio algo le falta,
lo has dejado unos puntos
por debajo del de Kafka.
Y la vida me parece una fiesta
a la que nadie
se ha molestado en invitarme.
De un tiempo a esta parte
me cuesta tanto, tanto, tanto,
me cuesta tanto no amarte.
Últimamente planeo una huida
para rehacer mi vida,
probablemente en Marte.
Seguro que allí no hay nadie empeñado en aconsejarme:
"Ismael, ¿qué te pasa?
No estudias, no trabajas".
Y qué vamos a hacerle,
si es que últimamente ando algo perdido,
si te necesito.
De un tiempo a esta parte
me cuesta tanto, tanto, tanto,
me cuesta tanto no amarte.
Han de venir tiempos mejores,
cometeré más errores, daré menos explicaciones,
y haré nuevas canciones
en las que te cuente cómo, últimamente,
son tan frecuentes tristes amaneceres
ahogando mis finales,
repetidos, cansados,
miserables,
llenos de soledades.
De un tiempo a esta parte
me cuesta tanto, tanto,
me cuesta tanto no amarte.
“A
Acércate y mira.
Mira entre
los árboles.
Encuentra a
la chica
mientras
puedas.
Acércate y
mira.
mira en la
oscuridad.
Sigue a tus
ojos.
Sigue a tus
ojos.
Escuché su
voz
llamándome.
El sonido
es profundo
en la
oscuridad.
Escuché su
voz
y empecé a
correr
hacia los
árboles.
Hacia los
árboles.
Hacia los
árboles.
De
repente, me paro.
Pero sé que
es demasiado tarde.
Estoy
perdido en el bosque.
Solitario.
La chica
nunca estuvo allí.
Siempre lo
mismo.
Corriendo
detrás de nada.
Una y otra
y otra vez.
5) Leer el siguiente poema
y responder:
[Realización Grupal]
Y la dama a una puerta se paró,
y era una puerta altísima y se abrieron
sus hojas en el punto en que llamó,
que a un misterioso impulso obedecieron.
Y tras la dama el estudiante entró; 5
ni pajes ni doncellas acudieron;
y cruzan a la luz de unas bujías
fantásticas, desiertas galerías.
Y la visión como engañoso encanto,
por las losas deslizase sin ruido, 10
toda encubierta bajo el blanco manto
que barre el suelo en pliegues desprendido.
Y por el largo corredor en tanto
sigue adelante y síguela atrevido,
y su temeridad raya en locura, 15
resuelto Montemar a su aventura.
Las luces, como antorchas funerales,
lánguida luz y cárdena esparcían,
y en torno en movimientos desiguales
las sombras se alejaban o venían; 20
arcos aquí ruinosos, sepulcrales,
urnas allí y estatuas se veían,
rotas columnas, patios mal seguros,
yerbosos, tristes, húmedos y oscuros.
Todo vago, quimérico y sombrío, 25
edificio sin base ni cimiento,
ondula cual fantástico navío
que anclado mueve borrascoso viento.
En un silencio aterrador y frío
yace allí todo: ni rumor, ni aliento 30
humano nunca se escuchó; callado,
corre allí el tiempo, en sueño sepultado.
a- ¿Qué personajes
aparecen en escena? ¿Dónde se desarrolla la acción?
b- ¿Cómo está
caracterizado el personaje femenino? ¿Se trata de una mujer de carne y hueso?
c- ¿Cómo se llama el
personaje masculino? ¿Qué adjetivos del texto lo definen?
d- Describe el
misterioso lugar en el que se adentran los personajes. Localiza los versos que
nos indican que este lugar nunca fue pisado por el hombre.
f- Explicar el último
verso del poema, fundamentalmente, la metáfora “sueño sepultado”. ¿A qué se
refiere?
martes, 5 de noviembre de 2013
“Trasposición de jugadas” de Rodolfo Walsh
-Abandone– sugirió el comisario
Laurenzi.
-Todavía no.
-Está perdido.
-Teóricamente– repuse. Pero lo importante es saber si usted puede ganarme. Fíjese, yo no estoy jugando contra la teoría, estoy jugando contra usted. Ese es el encanto de las partidas de café.
Me miró con rencor y movió el caballo. Después no habló durante un largo rato. No era un final de problema, era simplemente un final difícil. El caballo debía realizar un complejo movimiento de lanzadera, avanzando y retrocediendo a lo largo de una línea imaginaria que cortaba la retirada de mi rey. Debo decir que, salvo una transposición de movimientos que pudo enmendar a tiempo pero que le produjo una inexplicable irritación, el comisario condujo el final con exactitud.
Abandoné tres jugadas antes del mate inevitable, cuando ya el comisario había cambiado de cara y afectaba mover las piezas con sobrada distracción.
-¿Por qué se enojó tanto?- le pregunté irritado
-¿Cuándo?
-Recién, cuando traspuso las movidas.
-Oh, eso- dijo encendiendo un cigarrillo negro.
Parecía que no iba a hablar. A través del ventanal del Café Rivadavia clavó los ojos en la calle, donde un río oscuro de automóviles circulaba perezosamente. De pronto dijo, con voz cansada:
- Ciertas situaciones de algunas partidas de ajedrez me hacen acordar a otras situaciones. Eso es todo. No es nada nuevo, no es nada original, no es nada interesante.
-¿Usted se acordó de un error que cometió alguna vez?- insistí.
-Si, pero aquél no pude remediar.
Después empezó a contar una historia de prolegómenos confusos. Su presupuesto inicial era que este hombre asmático y corpulento a quien empezaban a doblar los años, viudo, jubilado, solo, que todas las noches venía al café a jugar conmigo al billar o al ajedrez, era en realidad otro hombre, joven, posiblemente valeroso o despreocupado, que empezaba a abrirse camino en un mundo de necesaria violencia.
Porque todo esto, dijo, había ocurrido treinta y cinco, cuarenta años atrás, en Río Negro. Él había nacido más al sur todavía, pero un día llegó a Choele-Choel arreando una modesta tropilla y se quedó. Allí todavía estaba fresco el rastro sangriento de la conquista. El viento movía un arenal, y parecía la cara de un indio, solemne y enjuto en su muerte; bajaba el río, se secaba el fango y era posible encontrar una lanza todavía filosa o un par de boleadoras irisadas (así fantaseaba el comisario). Pero la tierra heredada ya era de los estancieros, y sólo el respeto se ganaba o se perdía con un gesto. Después de los coroneles bigotudos, vinieron italianos, españoles, turcos con sus carros de baratijas, muchos chilenos “grandes comedores de carne cruda”, dijo, y la crónica del Rémington contra la lanza perdió un poco de estatura –el Colt 38, el cuchillo-, se hizo menos sistemática, más desordenada, pero también más solapada y acaso más cruel.
Laurenzi trabajó un tiempo de peón en una estancia que era de un ministro de Irigoyen, antes de pasar a la isla y hacerse vigilante en Lamarque. Lamarque era un pueblo de quinientas almas, sobre el Brazo Chico del río, en el sur de la isla, pero su relación obligada en tierra firme era Choele-Choel, que estaba al norte, sobre el Brazo Grande, “y ahora es ciudad y ha progresado mucho”, comentó Laurenzi.
-Al principio no me aceptaron, y cuando pasó esto, tuve que irme. Así que yo fracasé como vigilante – agregó sonriendo vagamente -. El comisario de Choele-Choel me había cobrado afecto, y cuando dijo que se necesitaba un hombre en la isla, agarré viaje. Me pagaban treinta pesos al mes y me dejaban tener una majadita de ovejas en un terreno del destacamento que la gente llamaba “comisaría”, pero que en realidad era un rancho con una pieza y cocina. Después supe que en el gobierno de Alvear habían construido una cárcel y un juzgado, pero en los tiempos que le hablo no había nada de eso: yo solo y mi alma como única autoridad.
“Había gente buena y había gente mala. Pero era joven y me gustaba probar la fuerza. Tuve un par de encuentros donde salí bien parado y entonces me respetaron poco a poco. ¿Sabe?- dijo bruscamente-, a veces me pregunto cómo sería si me hubiera quedado. A lo mejor tendría una estancia, o por lo menos una chacra y un caballo.
-Yo no lo habría conocido. No podría escribir sobre usted.
-Lindo consuelo – resopló-. Sin ofensa.
Espantó una mosca, bebió el café que se le había enfriado, hizo una mueca y continuó:
-Era una tarde calurosa, porque el verano era infernal, le prevengo, cuando empezaron a sonar los tiros. Me asomé a la calle de tierra, y no se veía un alma. Era una impresión rara la que producía esa calma, esa falta de curiosidad mientras se acercaba (así me pareció) el retumbo de los tiros. Había un perro durmiendo en la mitad de la calle, al sol. Levantó apenas el hocico, entre las patas, se arrastró hasta quedar detrás de un poste y volvió a dormirse.
Le pregunté si sus recuerdos eran demasiado nítidos. Dijo que no, que a ese perro lo recordaba clarito, vaya a saber por qué, aunque a lo mejor se olvidaba de otras cosas. También recordaba el brillo del sol en la tierra arenosa. El cuarto estampido se dilató ya muy cerca de una granizada metálica. Al mismo tiempo oyó a la vuelta de la esquina las vigorosas maldiciones de un vasco tendero.
-Me fijé que le habían agujereado la chapa de zinc del negocio, y me puse al abrigo de un sauce. La escopeta calibre 16 es un arma embromada.
“En total habrían pasado quince segundos cuando desembocó en la esquina un muchacho Iglesias, que trabajaba de comisionista en el Ferrocarril Sur, y cada cuatro o quince meses aparecía por la isla. Entonces sonó el quinto escopetazo y la peluquería de la esquina, que era de un tuerto, se quedó sin vidrios y sin un famoso letrero pintado a mano que decía: ‘peloijeiría, se afeitan pelos’.
“Iglesias enderezó al destacamento. Se agarraba el hombro izquierdo con la mano derecha, pero en los pies no tenía nada, se lo aseguro. ¡Cómo corría ese mozo! Culebreaba sin darse vuelta, con la cabeza agachada como quien espera el golpe de gracia, y levantaba una nube de polvo. Al lado mío pasó sin verme, se paró en seco y dio un salto hacia la puerta.
“En eso asomó frente a la peluquería un hombre que llevaba una escopeta más grande que el. Era el viejo Antonio, un italiano que tenía una quinta de frutas. La rapidez de este viejo era una cosa notable. En la mano izquierda llevaba tres cartuchos colorados, y en los bolsillos le asomaban más. Bueno, el viejo se agachó, la escopeta se dobló sobre sus rodillas, la cargó, se la llevó al hombro, hubo un cañonazo y cuando quise acordar me encontré envuelto en hojitas de sauce, y sintiendo en los oídos un zumbido como el que hace una radio mal sintonizada. Me asomé, Antonio no tenía más que dos cartuchos en la mano, había corrido diez metros, se había parado, y nuevamente doblaba la escopeta sobre la rodilla. En ese momento le di el alto.
“Creí que me iba a tirar. Chiquito como era, aquel italiano metía miedo. De todo lo que decía en una jerga incomprensible yo no entendía más que la palabra ‘sporco’. Pero cuando me acerqué y le manoteé la escopeta, no hizo resistencia. De todas maneras tuve que sujetarlo cuando entramos en la comisaría, y allí estaba Iglesias vendándose el brazo con un pedazo de camisa.
“Como a Antonio no había manera de sacarle nada, le pregunté al muchacho:
“-No sé -contestó mirando al quintero de reojo -. Para mí que está loco. Yo no le hice nada a Julia. Pero él dice que yo me la… bueno.
“Estábamos en eso, y ¿quién se aparece? La Yulia, corriendo y despeinada, y hecha una magdalena. Entonces el viejo dejó de gritarle a Iglesias y empezó a gritarle a ella.
“Después de pensarlo un poco, decidí que había que llevarlos a Choele-Choel y ponerlos en manos del comisario, del juez, del cura, también del médico porque la herida de Iglesias no era grande, dos o tres perdigones en un brazo, pero sangraba bastante. La Julia era menor de edad y estaba de tres meses, como vine a saber por una de las pocas cosas que le entendí al viejo Antonio.
-¿Y ella valía la pena para todo ese tiroteo?- pregunté con cierto escepticismo.
-Vaya a saber- dijo el comisario-. Uno qué sabe. Si lo pienso ahora no era más que una de esas bellezas campesinas, algo toscas, que luego se casan y se cargan de hijos, y a los veinticinco años ya son viejas. Pero Julia tenía 17 y era fresca como una lechuga, o si usted prefiere, como un repollo –agregó con repentina propensión a las metáforas hortícolas, que luego interpreté como una pesada broma contra sí mismo.
“El mismo Iglesias me caía simpático, aunque yo lo trataba poco. Hacía alrededor de cuatro meses que no lo veía. En ese momento, claro, estaba un poco mal parado, pero se me ocurrió que casarse con una chica no era lo peor que le podía ocurrir. Además era voz corriente en el pueblo, aún antes de que los resultados estuvieran a la vista, que se entendían bien.
“No lo pensé más y les anuncié que los llevaba a Choele-Choel.
Sin embargo, explicó el comisario, el asunto no resultó tan fácil. Tuvo que pedir un carro prestado a un turco (divagó largamente sobre las caravanas que allí se concentraban antes de iniciar las duras travesías hacia el sur) y llevar a los causantes hasta el Brazo Grande. Ahí se tomaba una balsa para cruzar.
-Usted hubiera visto lo que era esa balsa. Se manejaba a pulso desde arriba, con una especie de cabrestante y una maroma que atravesaba el río y estaba sujeta a un poste en la otra orilla. En el verano, cuando había bajante, solía quedarse varada en el barro, o a lo mejor había que ir a tomarla en el centro del río.
“Esa tarde pasaba algo peor. Se había roto la maroma, y el balsero, entre imprecaciones, me dijo que no tenía esperanzas de arreglarla al día siguiente.
“Yo hubiera vuelto a Lamarque, pero no tenía dónde encerrar a esa gente. No quería que el italiano volviera a las andadas, o que Iglesias se fugara con la moza. El balsero, que era un vasco testarudo, accedió a prestarme el único bote que tenía, pero insistió en que no cruzaran más de dos personas por vez. Y aun así, me dio un tarrito para sacar el agua, porque el bote daba lástima, y el río estaba bastante correntoso. Debía ser en diciembre y no habían empezado las grandes bajantes.
“Ya me estaba resignando a cruzar el río cinco veces, tres de ida y dos de vuelta, para llevarlos de a uno en el bote, en vez de hacer un solo viaje en balsa como había calculado. Entonces vi que el problema era menos simple. No podía dejar a Antonio solo con el seductor de su hija, y tampoco podía dejarlo con su hija. Ya no hablaba, pero igual seguía inquietándome. Los otros también. La chica no dejó de llorar desde que vio a su novio herido. Cuando quiso ayudarlo a vendarse, él la apartó despacito y se vendó solo. Después se mantuvo reconcentrado acariciándose la rala barbita amarilla, como si pensara en lo que había sucedido. Acababa de averiguar que era un cobarde, o por lo menos, que era capaz de correr ante un viejo armado con una escopeta.
“Sí- murmuró el comisario dando una larga pitada a su cigarrillo negro-. Había que llevarlos de a uno, y evitar que los que quedaban se desgarraran entre ellos.
-¿No podía encerrar a dos, cada uno en su calabozo, llevarse al tercero y volver a buscarlos?.
-Usted se olvida que ni siquiera en el destacamento yo tenía calabozos, y aquí no había más que la casa del balsero, con una sola pieza que se podía cerrar con llave.
“La situación se repetía en la otra orilla, porque la comisaría de Choele-Choel estaba a más de veinte cuadras del lugar donde yo iba a atracar con el bote. No podía perder tiempo llevándolos de a uno a la comisaría, porque nos iba a agarrar la noche. Pensaba pedirle ayuda a un puestero que vivía del otro lado y era amigo mío.
“Así que de los dos lados había un lugar relativamente seguro, pero cuando lo pensé un poco vi en qué consistía el problema: mientras durase el traslado, Antonio tenía que estar solo o tenía que estar conmigo. En ningún momento podía dejarlo sin vigilancia con su hija o con Iglesias.
El comisario partió en cuatro pedazos el boleto de la consumición y colocó sobre la mesa la cucharita del café y una caja de fósforos.
-Se trata de distribuir los papeles.
-¿Esos?- dije, empezando a irritarme.
-Como usted quiera. ¿Tiene un lápiz?
Se lo di. Pensé que el comisario se burlaba de mi, y sin embargo, alguna idea familiar me rondaba sin que pudiera atraparla.
-Haga de cuenta que esa cuchara es el río. Este papelito, en el que escribo una A, es el viejo Antonio. Este otro papelito –lo marcó con una J-, es Julia. Este papelito –lo marcó con una I- es Iglesias. Y éste –lo marcó con una L- soy yo.
Los alineó a un lado de la cuchara.
-En esta orilla- comentó sin sonreír.
-Ahora tengo que cruzarlos al otro lado, pero de a uno. Antonio nunca tiene que quedar solo con Julia y tampoco tiene que quedar solo con Iglesias. ¿Cuántos viajes tengo que hacer?
-Cinco- vacilé-. ¡Qué se yo!
-Siete- dijo, y empezó a embarcar los papelitos en la caja de fósforos y a mover la caja por encima de la cuchara-. Cruzo al viejo, uno. Vuelvo, dos. Llevo a Iglesias, tres.
-Y entonces se tiene que dejar a los dos hombres juntos, y uno mata al otro.
-No, porque ahí está todo el truco. En el cuarto viaje, que es de regreso a la isla, me traigo de vuelta al viejo, y dejo a Iglesias solo en tierra firme. En el quinto llevo a la hija. El sexto es de regreso y lo hago solo. En el séptimo, trasbordo por última vez a Antonio y ya los tengo a todos juntos del otro lado sin que el italiano haya podido hacer un estropicio.
-Un momento- exclamé bruscamente iluminado-. Esa historia yo la he oído. Es el problema de Alcuino.
-¿De quién?
-El tipo que era amigo de Carlomagno. El lobo, la cabra, y la col. No se puede dejar al lobo solo con la cabra, ni a la cabra sola con la col.
-Mi abuela, que me enseñó ese cuento –dijo pausadamente el comisario- no era una persona instruida. No sabía quién era ese Al…¿cuánto? Alcuino. Además, decía “chivo”, decía “repollo”. Pero fíjese lo que son las cosas, yo no quise pensar que fuese exactamente la misma historia.
-¿En qué se equivocó?- dije suavemente.
-¿Cómo saber quién es un lobo?-replicó-. O si usted prefiere, ¿cómo saber que una cabra no se portará como un lobo o inclusive como una cabra?
-Eso es muy complicado.
Pedí otro café. El comisario pidió una grapa.
-Ya le dije yo que era muy joven y quería medirme con las cosas. Cuanto más lo pienso, más me convenzo que era un provocador. Todo lo que pasó lo provoqué, hice tentativas, tenté, y de pronto, ¿sabe lo que había? Un cadáver. No me perdonaré nunca –dijo seriamente-. Porque cuando se me ocurrió la idea, me sentí encantado. Fíjese, había dificultades aparentes (yo no tenía derecho a obligar al viejo a cruzar tres veces el río), pero las descarté todas. Porque lo que me gustaba era el juego. Y lo que hice fue una trasposición de jugadas, como recién. Y también repartí mal los papeles, pero no esos papelitos de recién, sino lo que cada uno era.
“Encerré a Julia y a Iglesias en la pieza del balsero y crucé al italiano. Esa parte salió bien, se dejó llevar como un chico. Toda su vida se le había ido en un paquete, un viejo cansado. Llegó a preguntarme seriamente si yo creía que Iglesias se iba a casar con su hija. ¿Qué le iba a decir? Lo pensó un rato y dijo que a lo mejor questo sporco resultaba un buen muchacho a pesar de todo. Cuando agregó que él lo había hecho todo por la Yulia, y que había vivido para ella, y que nunca le había puesto una mano encima, ni siquiera ahora, bueno, empecé a sentirme mal.
“¿Sabe lo que sentí? Lo mismo que hace un rato, cuando moví el rey en vez del caballo. Pero mucho peor, es claro. Dejé al viejo en la orilla, sin molestarme siquiera en llevarlo hasta el puesto, y emprendí el regreso.
“Nunca he remado con tanta furia, y nunca el tiempo me pareció tan lento. Salté a la isla y corrí a la casa del balsero. El vasco y su mujer estaban parados junto a la puerta de la pieza y se miraban con susto. Me explicaron que habían oído un ruido, pero como yo no tenía la llave…
“Entonces abrí la puerta.
El comisario vació de un golpe el vaso de grapa.
-Allí estaba Iglesias, sentado en una silla, acariciándose la barbita, olvidado de todo, como si siguiera pensando. Creo que no me oyó entrar. Y la muchacha estaba muerta a sus pies. La había ahorcado con sus propias manos.
El comisario se levantó con gran ruido de sillas y caminó despacio hacia la puerta del café, mientras yo pagaba la consumición.
Lo alcancé. Estaba parado al borde de la vereda y tenía los ojos como perdidos en la negra corriente de automóviles, sembrada de reflejos.
-¿Por qué fue?- dije poniéndole una mano en el hombro.
-Porque la chica estaba embarazada de tres meses. Y él, hacía cuatro que faltaba del pueblo. Cuando el viejo la descubrió, la amenazó, fue a buscar la escopeta, ella sólo atinó a nombrar al que había sido su novio y no al verdadero seductor. Nunca supimos quién era.
-Eso se dice fácil. Pero en realidad yo debí adivinarlo. Por un lado, Iglesias no dejó que la chica se le acercara, ni siquiera para vendarlo, ¿se acuerda? Y eso que iba pensando en el camino era la traición que acababa de descubrir, y no los escopetazos que le había tirado el viejo. Por otro lado, Antonio no había intentado maltratar a su hija, salvo de palabra, ni siquiera en el primer acceso de furia.
“Yo la encerré con Iglesias en el mismo cuarto y me guardé la llave. Encerré la cabra con la col.
“Así que yo me equivoqué. Pensé que sólo el viejo podía matar, y que la muchacha estaba segura con el que había sido su novio, cuando en realidad sólo estaba segura con su padre. Si hubiera seguido la fábula al pie de la letra, si hubiera repartido bien los papeles, era Iglesias el que nunca debía quedar solo con la chica ni con el viejo, para no ser comido por el lobo ni comerse la col.
“El italiano se murió tres meses después, y a Iglesias le dieron quince años. Yo me fui del pueblo y no he vuelto nunca. Dicen que está muy adelantado…
Hubo un silencio difícil de llenar. Aprovechando una pausa en el tráfico, tomé al comisario Laurenzi del brazo y dije maquinalmente:
-¿Cruzamos?
Me miró con reprobación y tristeza.
-Todavía no.
-Está perdido.
-Teóricamente– repuse. Pero lo importante es saber si usted puede ganarme. Fíjese, yo no estoy jugando contra la teoría, estoy jugando contra usted. Ese es el encanto de las partidas de café.
Me miró con rencor y movió el caballo. Después no habló durante un largo rato. No era un final de problema, era simplemente un final difícil. El caballo debía realizar un complejo movimiento de lanzadera, avanzando y retrocediendo a lo largo de una línea imaginaria que cortaba la retirada de mi rey. Debo decir que, salvo una transposición de movimientos que pudo enmendar a tiempo pero que le produjo una inexplicable irritación, el comisario condujo el final con exactitud.
Abandoné tres jugadas antes del mate inevitable, cuando ya el comisario había cambiado de cara y afectaba mover las piezas con sobrada distracción.
-¿Por qué se enojó tanto?- le pregunté irritado
-¿Cuándo?
-Recién, cuando traspuso las movidas.
-Oh, eso- dijo encendiendo un cigarrillo negro.
Parecía que no iba a hablar. A través del ventanal del Café Rivadavia clavó los ojos en la calle, donde un río oscuro de automóviles circulaba perezosamente. De pronto dijo, con voz cansada:
- Ciertas situaciones de algunas partidas de ajedrez me hacen acordar a otras situaciones. Eso es todo. No es nada nuevo, no es nada original, no es nada interesante.
-¿Usted se acordó de un error que cometió alguna vez?- insistí.
-Si, pero aquél no pude remediar.
Después empezó a contar una historia de prolegómenos confusos. Su presupuesto inicial era que este hombre asmático y corpulento a quien empezaban a doblar los años, viudo, jubilado, solo, que todas las noches venía al café a jugar conmigo al billar o al ajedrez, era en realidad otro hombre, joven, posiblemente valeroso o despreocupado, que empezaba a abrirse camino en un mundo de necesaria violencia.
Porque todo esto, dijo, había ocurrido treinta y cinco, cuarenta años atrás, en Río Negro. Él había nacido más al sur todavía, pero un día llegó a Choele-Choel arreando una modesta tropilla y se quedó. Allí todavía estaba fresco el rastro sangriento de la conquista. El viento movía un arenal, y parecía la cara de un indio, solemne y enjuto en su muerte; bajaba el río, se secaba el fango y era posible encontrar una lanza todavía filosa o un par de boleadoras irisadas (así fantaseaba el comisario). Pero la tierra heredada ya era de los estancieros, y sólo el respeto se ganaba o se perdía con un gesto. Después de los coroneles bigotudos, vinieron italianos, españoles, turcos con sus carros de baratijas, muchos chilenos “grandes comedores de carne cruda”, dijo, y la crónica del Rémington contra la lanza perdió un poco de estatura –el Colt 38, el cuchillo-, se hizo menos sistemática, más desordenada, pero también más solapada y acaso más cruel.
Laurenzi trabajó un tiempo de peón en una estancia que era de un ministro de Irigoyen, antes de pasar a la isla y hacerse vigilante en Lamarque. Lamarque era un pueblo de quinientas almas, sobre el Brazo Chico del río, en el sur de la isla, pero su relación obligada en tierra firme era Choele-Choel, que estaba al norte, sobre el Brazo Grande, “y ahora es ciudad y ha progresado mucho”, comentó Laurenzi.
-Al principio no me aceptaron, y cuando pasó esto, tuve que irme. Así que yo fracasé como vigilante – agregó sonriendo vagamente -. El comisario de Choele-Choel me había cobrado afecto, y cuando dijo que se necesitaba un hombre en la isla, agarré viaje. Me pagaban treinta pesos al mes y me dejaban tener una majadita de ovejas en un terreno del destacamento que la gente llamaba “comisaría”, pero que en realidad era un rancho con una pieza y cocina. Después supe que en el gobierno de Alvear habían construido una cárcel y un juzgado, pero en los tiempos que le hablo no había nada de eso: yo solo y mi alma como única autoridad.
“Había gente buena y había gente mala. Pero era joven y me gustaba probar la fuerza. Tuve un par de encuentros donde salí bien parado y entonces me respetaron poco a poco. ¿Sabe?- dijo bruscamente-, a veces me pregunto cómo sería si me hubiera quedado. A lo mejor tendría una estancia, o por lo menos una chacra y un caballo.
-Yo no lo habría conocido. No podría escribir sobre usted.
-Lindo consuelo – resopló-. Sin ofensa.
Espantó una mosca, bebió el café que se le había enfriado, hizo una mueca y continuó:
-Era una tarde calurosa, porque el verano era infernal, le prevengo, cuando empezaron a sonar los tiros. Me asomé a la calle de tierra, y no se veía un alma. Era una impresión rara la que producía esa calma, esa falta de curiosidad mientras se acercaba (así me pareció) el retumbo de los tiros. Había un perro durmiendo en la mitad de la calle, al sol. Levantó apenas el hocico, entre las patas, se arrastró hasta quedar detrás de un poste y volvió a dormirse.
Le pregunté si sus recuerdos eran demasiado nítidos. Dijo que no, que a ese perro lo recordaba clarito, vaya a saber por qué, aunque a lo mejor se olvidaba de otras cosas. También recordaba el brillo del sol en la tierra arenosa. El cuarto estampido se dilató ya muy cerca de una granizada metálica. Al mismo tiempo oyó a la vuelta de la esquina las vigorosas maldiciones de un vasco tendero.
-Me fijé que le habían agujereado la chapa de zinc del negocio, y me puse al abrigo de un sauce. La escopeta calibre 16 es un arma embromada.
“En total habrían pasado quince segundos cuando desembocó en la esquina un muchacho Iglesias, que trabajaba de comisionista en el Ferrocarril Sur, y cada cuatro o quince meses aparecía por la isla. Entonces sonó el quinto escopetazo y la peluquería de la esquina, que era de un tuerto, se quedó sin vidrios y sin un famoso letrero pintado a mano que decía: ‘peloijeiría, se afeitan pelos’.
“Iglesias enderezó al destacamento. Se agarraba el hombro izquierdo con la mano derecha, pero en los pies no tenía nada, se lo aseguro. ¡Cómo corría ese mozo! Culebreaba sin darse vuelta, con la cabeza agachada como quien espera el golpe de gracia, y levantaba una nube de polvo. Al lado mío pasó sin verme, se paró en seco y dio un salto hacia la puerta.
“En eso asomó frente a la peluquería un hombre que llevaba una escopeta más grande que el. Era el viejo Antonio, un italiano que tenía una quinta de frutas. La rapidez de este viejo era una cosa notable. En la mano izquierda llevaba tres cartuchos colorados, y en los bolsillos le asomaban más. Bueno, el viejo se agachó, la escopeta se dobló sobre sus rodillas, la cargó, se la llevó al hombro, hubo un cañonazo y cuando quise acordar me encontré envuelto en hojitas de sauce, y sintiendo en los oídos un zumbido como el que hace una radio mal sintonizada. Me asomé, Antonio no tenía más que dos cartuchos en la mano, había corrido diez metros, se había parado, y nuevamente doblaba la escopeta sobre la rodilla. En ese momento le di el alto.
“Creí que me iba a tirar. Chiquito como era, aquel italiano metía miedo. De todo lo que decía en una jerga incomprensible yo no entendía más que la palabra ‘sporco’. Pero cuando me acerqué y le manoteé la escopeta, no hizo resistencia. De todas maneras tuve que sujetarlo cuando entramos en la comisaría, y allí estaba Iglesias vendándose el brazo con un pedazo de camisa.
“Como a Antonio no había manera de sacarle nada, le pregunté al muchacho:
“-No sé -contestó mirando al quintero de reojo -. Para mí que está loco. Yo no le hice nada a Julia. Pero él dice que yo me la… bueno.
“Estábamos en eso, y ¿quién se aparece? La Yulia, corriendo y despeinada, y hecha una magdalena. Entonces el viejo dejó de gritarle a Iglesias y empezó a gritarle a ella.
“Después de pensarlo un poco, decidí que había que llevarlos a Choele-Choel y ponerlos en manos del comisario, del juez, del cura, también del médico porque la herida de Iglesias no era grande, dos o tres perdigones en un brazo, pero sangraba bastante. La Julia era menor de edad y estaba de tres meses, como vine a saber por una de las pocas cosas que le entendí al viejo Antonio.
-¿Y ella valía la pena para todo ese tiroteo?- pregunté con cierto escepticismo.
-Vaya a saber- dijo el comisario-. Uno qué sabe. Si lo pienso ahora no era más que una de esas bellezas campesinas, algo toscas, que luego se casan y se cargan de hijos, y a los veinticinco años ya son viejas. Pero Julia tenía 17 y era fresca como una lechuga, o si usted prefiere, como un repollo –agregó con repentina propensión a las metáforas hortícolas, que luego interpreté como una pesada broma contra sí mismo.
“El mismo Iglesias me caía simpático, aunque yo lo trataba poco. Hacía alrededor de cuatro meses que no lo veía. En ese momento, claro, estaba un poco mal parado, pero se me ocurrió que casarse con una chica no era lo peor que le podía ocurrir. Además era voz corriente en el pueblo, aún antes de que los resultados estuvieran a la vista, que se entendían bien.
“No lo pensé más y les anuncié que los llevaba a Choele-Choel.
Sin embargo, explicó el comisario, el asunto no resultó tan fácil. Tuvo que pedir un carro prestado a un turco (divagó largamente sobre las caravanas que allí se concentraban antes de iniciar las duras travesías hacia el sur) y llevar a los causantes hasta el Brazo Grande. Ahí se tomaba una balsa para cruzar.
-Usted hubiera visto lo que era esa balsa. Se manejaba a pulso desde arriba, con una especie de cabrestante y una maroma que atravesaba el río y estaba sujeta a un poste en la otra orilla. En el verano, cuando había bajante, solía quedarse varada en el barro, o a lo mejor había que ir a tomarla en el centro del río.
“Esa tarde pasaba algo peor. Se había roto la maroma, y el balsero, entre imprecaciones, me dijo que no tenía esperanzas de arreglarla al día siguiente.
“Yo hubiera vuelto a Lamarque, pero no tenía dónde encerrar a esa gente. No quería que el italiano volviera a las andadas, o que Iglesias se fugara con la moza. El balsero, que era un vasco testarudo, accedió a prestarme el único bote que tenía, pero insistió en que no cruzaran más de dos personas por vez. Y aun así, me dio un tarrito para sacar el agua, porque el bote daba lástima, y el río estaba bastante correntoso. Debía ser en diciembre y no habían empezado las grandes bajantes.
“Ya me estaba resignando a cruzar el río cinco veces, tres de ida y dos de vuelta, para llevarlos de a uno en el bote, en vez de hacer un solo viaje en balsa como había calculado. Entonces vi que el problema era menos simple. No podía dejar a Antonio solo con el seductor de su hija, y tampoco podía dejarlo con su hija. Ya no hablaba, pero igual seguía inquietándome. Los otros también. La chica no dejó de llorar desde que vio a su novio herido. Cuando quiso ayudarlo a vendarse, él la apartó despacito y se vendó solo. Después se mantuvo reconcentrado acariciándose la rala barbita amarilla, como si pensara en lo que había sucedido. Acababa de averiguar que era un cobarde, o por lo menos, que era capaz de correr ante un viejo armado con una escopeta.
“Sí- murmuró el comisario dando una larga pitada a su cigarrillo negro-. Había que llevarlos de a uno, y evitar que los que quedaban se desgarraran entre ellos.
-¿No podía encerrar a dos, cada uno en su calabozo, llevarse al tercero y volver a buscarlos?.
-Usted se olvida que ni siquiera en el destacamento yo tenía calabozos, y aquí no había más que la casa del balsero, con una sola pieza que se podía cerrar con llave.
“La situación se repetía en la otra orilla, porque la comisaría de Choele-Choel estaba a más de veinte cuadras del lugar donde yo iba a atracar con el bote. No podía perder tiempo llevándolos de a uno a la comisaría, porque nos iba a agarrar la noche. Pensaba pedirle ayuda a un puestero que vivía del otro lado y era amigo mío.
“Así que de los dos lados había un lugar relativamente seguro, pero cuando lo pensé un poco vi en qué consistía el problema: mientras durase el traslado, Antonio tenía que estar solo o tenía que estar conmigo. En ningún momento podía dejarlo sin vigilancia con su hija o con Iglesias.
El comisario partió en cuatro pedazos el boleto de la consumición y colocó sobre la mesa la cucharita del café y una caja de fósforos.
-Se trata de distribuir los papeles.
-¿Esos?- dije, empezando a irritarme.
-Como usted quiera. ¿Tiene un lápiz?
Se lo di. Pensé que el comisario se burlaba de mi, y sin embargo, alguna idea familiar me rondaba sin que pudiera atraparla.
-Haga de cuenta que esa cuchara es el río. Este papelito, en el que escribo una A, es el viejo Antonio. Este otro papelito –lo marcó con una J-, es Julia. Este papelito –lo marcó con una I- es Iglesias. Y éste –lo marcó con una L- soy yo.
Los alineó a un lado de la cuchara.
-En esta orilla- comentó sin sonreír.
-Ahora tengo que cruzarlos al otro lado, pero de a uno. Antonio nunca tiene que quedar solo con Julia y tampoco tiene que quedar solo con Iglesias. ¿Cuántos viajes tengo que hacer?
-Cinco- vacilé-. ¡Qué se yo!
-Siete- dijo, y empezó a embarcar los papelitos en la caja de fósforos y a mover la caja por encima de la cuchara-. Cruzo al viejo, uno. Vuelvo, dos. Llevo a Iglesias, tres.
-Y entonces se tiene que dejar a los dos hombres juntos, y uno mata al otro.
-No, porque ahí está todo el truco. En el cuarto viaje, que es de regreso a la isla, me traigo de vuelta al viejo, y dejo a Iglesias solo en tierra firme. En el quinto llevo a la hija. El sexto es de regreso y lo hago solo. En el séptimo, trasbordo por última vez a Antonio y ya los tengo a todos juntos del otro lado sin que el italiano haya podido hacer un estropicio.
-Un momento- exclamé bruscamente iluminado-. Esa historia yo la he oído. Es el problema de Alcuino.
-¿De quién?
-El tipo que era amigo de Carlomagno. El lobo, la cabra, y la col. No se puede dejar al lobo solo con la cabra, ni a la cabra sola con la col.
-Mi abuela, que me enseñó ese cuento –dijo pausadamente el comisario- no era una persona instruida. No sabía quién era ese Al…¿cuánto? Alcuino. Además, decía “chivo”, decía “repollo”. Pero fíjese lo que son las cosas, yo no quise pensar que fuese exactamente la misma historia.
-¿En qué se equivocó?- dije suavemente.
-¿Cómo saber quién es un lobo?-replicó-. O si usted prefiere, ¿cómo saber que una cabra no se portará como un lobo o inclusive como una cabra?
-Eso es muy complicado.
Pedí otro café. El comisario pidió una grapa.
-Ya le dije yo que era muy joven y quería medirme con las cosas. Cuanto más lo pienso, más me convenzo que era un provocador. Todo lo que pasó lo provoqué, hice tentativas, tenté, y de pronto, ¿sabe lo que había? Un cadáver. No me perdonaré nunca –dijo seriamente-. Porque cuando se me ocurrió la idea, me sentí encantado. Fíjese, había dificultades aparentes (yo no tenía derecho a obligar al viejo a cruzar tres veces el río), pero las descarté todas. Porque lo que me gustaba era el juego. Y lo que hice fue una trasposición de jugadas, como recién. Y también repartí mal los papeles, pero no esos papelitos de recién, sino lo que cada uno era.
“Encerré a Julia y a Iglesias en la pieza del balsero y crucé al italiano. Esa parte salió bien, se dejó llevar como un chico. Toda su vida se le había ido en un paquete, un viejo cansado. Llegó a preguntarme seriamente si yo creía que Iglesias se iba a casar con su hija. ¿Qué le iba a decir? Lo pensó un rato y dijo que a lo mejor questo sporco resultaba un buen muchacho a pesar de todo. Cuando agregó que él lo había hecho todo por la Yulia, y que había vivido para ella, y que nunca le había puesto una mano encima, ni siquiera ahora, bueno, empecé a sentirme mal.
“¿Sabe lo que sentí? Lo mismo que hace un rato, cuando moví el rey en vez del caballo. Pero mucho peor, es claro. Dejé al viejo en la orilla, sin molestarme siquiera en llevarlo hasta el puesto, y emprendí el regreso.
“Nunca he remado con tanta furia, y nunca el tiempo me pareció tan lento. Salté a la isla y corrí a la casa del balsero. El vasco y su mujer estaban parados junto a la puerta de la pieza y se miraban con susto. Me explicaron que habían oído un ruido, pero como yo no tenía la llave…
“Entonces abrí la puerta.
El comisario vació de un golpe el vaso de grapa.
-Allí estaba Iglesias, sentado en una silla, acariciándose la barbita, olvidado de todo, como si siguiera pensando. Creo que no me oyó entrar. Y la muchacha estaba muerta a sus pies. La había ahorcado con sus propias manos.
El comisario se levantó con gran ruido de sillas y caminó despacio hacia la puerta del café, mientras yo pagaba la consumición.
Lo alcancé. Estaba parado al borde de la vereda y tenía los ojos como perdidos en la negra corriente de automóviles, sembrada de reflejos.
-¿Por qué fue?- dije poniéndole una mano en el hombro.
-Porque la chica estaba embarazada de tres meses. Y él, hacía cuatro que faltaba del pueblo. Cuando el viejo la descubrió, la amenazó, fue a buscar la escopeta, ella sólo atinó a nombrar al que había sido su novio y no al verdadero seductor. Nunca supimos quién era.
-Eso se dice fácil. Pero en realidad yo debí adivinarlo. Por un lado, Iglesias no dejó que la chica se le acercara, ni siquiera para vendarlo, ¿se acuerda? Y eso que iba pensando en el camino era la traición que acababa de descubrir, y no los escopetazos que le había tirado el viejo. Por otro lado, Antonio no había intentado maltratar a su hija, salvo de palabra, ni siquiera en el primer acceso de furia.
“Yo la encerré con Iglesias en el mismo cuarto y me guardé la llave. Encerré la cabra con la col.
“Así que yo me equivoqué. Pensé que sólo el viejo podía matar, y que la muchacha estaba segura con el que había sido su novio, cuando en realidad sólo estaba segura con su padre. Si hubiera seguido la fábula al pie de la letra, si hubiera repartido bien los papeles, era Iglesias el que nunca debía quedar solo con la chica ni con el viejo, para no ser comido por el lobo ni comerse la col.
“El italiano se murió tres meses después, y a Iglesias le dieron quince años. Yo me fui del pueblo y no he vuelto nunca. Dicen que está muy adelantado…
Hubo un silencio difícil de llenar. Aprovechando una pausa en el tráfico, tomé al comisario Laurenzi del brazo y dije maquinalmente:
-¿Cruzamos?
Me miró con reprobación y tristeza.
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